Hoy en día las páginas web no están de moda.
Me he puesto a buscar otros grupos granaínos además de los Granasónicos que tengan página web propia y sólo he encontrado un puñaíllo que puedes ver aquí.
No están, claro, los perfiles en redes sociales de los cienes y cienes de grupos que hay ahora mismo funcionando; esto es sólo para páginas web fuera de las multinacionales del contenido y la publicidad.
Si conoces alguna más, que seguro que se me habrán quedado bastantes sin encontrar, abajo tienes un formulario para añadirla.
- Los Planetas: https://www.losplanetas.es/
- Niños Mutantes: https://www.nmutantes.es/
- Gravital: https://gravital.es/
- Eskorzo: https://eskorzo.com/
- Del Gremio: https://www.delgremio.es/
- freeBirds: https://www.freebyrds.es/
- Granasónicos: https://www.granasonicos.es/
- Drifter’s Dew: https://www.driftersdew.es
- Dena Project: https://denaproject.com/
¿Cómo es posible que grupazos como 091, que empiezan gira con disco nuevo (cuando escribo esto en Dic/25), no tengan una página propia donde contar sus cosas, poder suscribirse, anunciar sus conciertos o vender su merchandising sin intermediarios?
Los mayoría de los grupos dejaron de tener sitio web propio por una mezcla curiosa de comodidad y fe ciega en las multinacionales digitales de publicidad. Hace años un grupo montaba su web con orgullo, aunque fuese una chapuza hecha a mano, porque significaba tener un espacio propio donde contar lo que le diese la gana. Hoy, en cambio, la consigna parece ser otra: mejor depender de que Google, Instagram o cualquier multinacional de la publicidad decida si existes o no y qué puedes publicar o no, según sus reglas de censura.
La escena musical se ha acostumbrado a vivir en casas ajenas. Antes se hablaba de “presencia online” como algo serio: tu dominio, tus fotos, tus letras, tus fechas de conciertos bien ordenadas. Ahora muchos grupos se limitan a un par de perfiles en redes esperando que el algoritmo los bendiga como si fuese un santo patrón digital. Las redes, por supuesto, están encantadas de tenerlos allí, porque mientras un músico se esfuerza en crear, las plataformas hacen caja mostrando anuncios a su costa con contenidos higiénicamente limpios, para no herir la sensibilidad del sacrosanto anunciante.
Cuando un grupo renuncia a tener su sitio web propio, renuncia también a controlar su narrativa. Todo queda filtrado por normas, limitaciones y caprichos de terceros. El resultado es que el grupo solo existe en la medida en que una empresa extranjera decide mostrarlo o esconderlo entre miles de publicaciones desechables. Y como nadie quiere admitirlo, muchos músicos repiten que “total, la web no la visita nadie”, sin darse cuenta de que la alternativa es mucho peor: no tener ni un metro cuadrado digital que sea realmente suyo.
Lo más llamativo es que muchos grupos creen que “tener redes es suficiente” hasta que descubren que un cambio en el algoritmo reduce su visibilidad a cero sin que hayan hecho nada porque consideran que su contenido infringe reglas (que sólo ellos conocen) sobre contenido sexual o cualquier otra causa random sin más explicación y sin posibilidad de recurrir. Entonces es cuando recuerdan que, tal vez, un sitio propio era una idea menos frágil. Pero ya es tarde, porque su comunidad está dispersa por plataformas que no controlan. Mientras tanto, las multinacionales siguen cobrando por cada impresión, cada clic y cada reproducción.


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